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DONDE ESCONDIERON LA FELICIDAD DE LOS AUTORES

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 Para cualquier escritor es maravilloso tener lectores y más aún si este autor se convierte en una mega estrella literaria. Es de esperar que si esto sucede, el escritor pudiera dedicarse solo a escribir, o dicho de otra forma, a vivir de la literatura. Es el sueño que secretamente guarda todo escritor. ¿Por qué, no? El odontólogo vive de su profesión, el arquitecto de las edificaciones que diseña y todos las profesiones y oficios tienen esa dirección. El escritor también debería dedicarse solo a escribir.

            Con los escritores, no es tan sencillo; pues la primera condición es que gane una legión de lectores. Una vez que ello ha sucedido, hay que esperar, además, que los derechos autorales sean respetados y no sea la piratería la que termine usufructuando los derechos del escritor. En el Perú, nuestras glorias literarias obtienen ínfimas cantidades por concepto de derechos de autor, pues la piratería se encarga de robar sus regalías.

            Uno de los abanderados de los derechos de autor fue Charles Dickens. En carne propia sufrió la amargura de ser un escritor famoso que vivía en la miseria. Eso ocurría porque era una estrella literaria en los Estados Unidos ya que las tiradas de su libros sobrepasaban los cien mil ejemplares. Sin embargo no se pagaban derechos de autor por obras del viejo continente y viceversa. Me imagino con qué placer prepararían ediciones estos editores que sabían que estaban exonerados de pagarle al autor un derecho por aquello que su genialidad había producido.

            Han pasado muchos años y el concepto de derechos autorales se ha extendido casi en todo el mundo. Sin embargo, la piratería es un fenómeno delictivo que cuenta con el permiso de muchos adultos que actúan en el convencimiento que es una falta leve y que lo importante es leer sea como sea. Erradicar la piratería es una tarea de autoridades, de padres, maestros, de jóvenes que comprendan que nada justifica que nos apropiemos del talento ajeno, del trabajo de un artista en cualquiera de sus formas y que la piratería, en mayor o menor escala, es un delito que no debe ingresar a la escuela ni en los hogares.

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